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Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.

 21 dic 2009


CUÁNDO LA MUJER ENGORDA: EDADES EN RIESGO

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Los cambios hormonales que se producen en el cuerpo de la mujer pueden conducir a la obesidad
¿Quién dice que ser mujer es una tarea fácil? Desde la cuna hasta la inevitable vejez hay un largo camino por recorrer y allí es donde hay que saber qué riesgos esconde cada edad y cómo podemos evitarlos. El aumento de peso es un problema con prioridad para la salud femenina y por eso le dedicamos este tema. Las etapas que atraviesa una mujer a lo largo de su vida son marcadas por importantes cambios físicos y hormonales. La niñez,  la adolescencia,  los embarazos y luego la menopausia pueden convertirse fácilmente en causa de la obesidad  y cambiarlo todo: desde la autoestima hasta la propia salud e incluso la vida privada. La clave para llevar bien cada edad y llegar a la madurez con una salud estupenda es saber qué es lo que nos espera y, si no es bueno, cómo podemos prevenirlo. Ser mujer hoy en día supone mucho más que conformarnos con que “soy como soy”. Hay que tener conciencia de que cada etapa de la vida de una mujer tiene su secreto. Y saber cómo actuar  es la mejor manera para encarar el paso del tiempo.

 

 

 

Infancia y pubertad

La sombra de la obesidad aparece en la infancia gracias a la televisión, y no hablamos de broma. Pasar demasiadas horas delante la pantalla puede provocar graves problemas de salud en los niños, como sobrepeso o una pubertad prematura en las niñas. Está demostrado que ver la televisión suprime la producción de melatonina, una hormona que desarrolla funciones relacionadas con el sistema inmunológico, el ciclo del sueño y el comienzo de la pubertad.

También consta que los nacidos de madres desarrolladas precozmente tienden a crecer más rápidamente y a tener sobrepeso cuando lleguen a adultos. De hecho, si a una madre, le llegó su primer período antes de los once años, sus hijos tendrán entre tres y cinco veces más posibilidades de ser obesos, especialmente si son niñas.

La difícil “edad del pavo”, llamada pubertad, supone una intensa actividad hormonal en las mujeres que, además produce un incremento de peso y ensanchamiento de senos y caderas. Si a esto le sumamos un alto consumo de calorías y la escasa práctica de ejercicio físico, fácilmente se incrementarán los riesgos de obesidad en un futuro. Por eso durante la adolescencia debe incrementarse el ejercicio físico (caminar, ir en bici, nadar, bailar). 



Embarazo y lactancia

Esta edad de la mujer, marcada por una larga espera que termina en el día en que da luz, destaca con una nueva subida de hormonas que se produce en el periodo de la gestación. Esto deja la piel magnifica, pero tras el parto, todo cambia: aparecen estrías, los senos pierden turgencia y los cambios hormonales facilitan el aumento de peso.

En el caso de que la obesidad es presente ya en la futura mamá, existe un riesgo real de complicación del el embarazo. Se considera que la madre está obesa cuando al iniciar su embarazo su IMC se encuentra por encima de 25 unidades.

Las complicaciones más frecuentes asociadas a la obesidad en este momento concreto son dificultad para diagnosticar el embarazo, menor sensibilidad ecográfica, diabetes gestacional, hipertensión arterial, mayor incidencia de cesáreas y prolongación de la recuperación quirúrgica.

Es importante que toda madre obesa realice un plan hipocalórico restringido en calorías, siempre guiado y ordenado por el profesional tratante o especializado con controles continuos y periódicos de peso. Todos los controles apuntan a que la mujer obesa embarazada llegue feliz al término de su embarazo.

La menopausia

Al llegar a esa edad límite, la mujer que biológicamente ha agotado sus posibilidades de ser mamá, se vuelve a encontrar con el riesgo de caer en las redes de la obesidad, ya que los cambios hormonales  favorecen esta enfermedad. Al ser los estrógenos hormonas termogénicas, cuando disminuye su producción debido a la menopausia, desciende la producción de calor y aumenta el depósito de grasa.

A esta influencia directa de los estrógenos en la obesidad, se añade la propia disminución de masa muscular y aumento de grasa causado por el proceso de envejecimiento, que conlleva una reducción del gasto energético basal (energía consumida por cuerpo en reposo para mantener su propio funcionamiento) y por tanto un exceso de calorías provenientes de la alimentación.

La falta de estrógenos también provoca que la distribución de la grasa corporal de la mujer se asemeje un poco más a la del hombre, acumulándose más en el abdomen en detrimento de caderas y nalgas.

 Instituto de Biomedicina.

Nutrición.

 14 dic 2009